sábado, 7 de noviembre de 2015

EXCLUSIVO. Capítulo 1 de Las Creencias de Ayelén.


Capítulo 1





Aquel pueblo de bajas temperaturas, recibió a la joven Ayelén quien nunca, en ningún momento de su vida, sintió tanta apatía por mudarse. A pesar de que salía de una ciudad agitada y caliente para meterse en terrenos tranquilos y fríos, las ganas de contemplar la felicidad por cambiar de aires, no llegaba. Pero al instalarse y ver como las personas le iban mostrando el lugar, algo en ella se abrió camino y fue, cuando verdaderamente entendió que la vida regalaba diferencias y no parecía ser tan cruel. No podía volver a quejarse.
Con el pasar de los meses, adaptarse a una universidad rural (cosa que creía imposible) y a los fríos cambios de horarios, cada vez, la estancia, se tornaba agradable. Poco a poco, la adaptación llegaba y acostumbrarse, ya no era un deber. Abundante vegetación y montañas la rodeaban y comenzó a querer las historias casi lunáticas, que los ancianos de la zona soltaban, desde sus viejas sillas habituales.   

Ayelén nunca imaginó que la curiosidad le cambiaría la vida. Y todo comenzó cuando un día, notó que de allá lejos, bajaban al pueblo, personas con otros rasgos y color de pieles tan diferentes a los pueblerinos nacidos allí. Estaba impresionada. Aquel detalle no pasaba desapercibido; sospechaba de actividades extrañas en aquellas oscuranas, por donde se introducían los cuerpos y casi pareciera, que desvanecían. El efecto que daba la espesa neblina y la poca luz que había, asustaría hasta el más valiente. Pero Ayelén era una mujer intrigada; una joven con espíritu indetenible. Sabía que el miedo sería obligatorio, pero secundario. Y haciendo honor a su compleja descripción, una tarde después de clases, emprendió camino colina arriba. Mientras caminaba, se sentía como aquellas investigadoras de la televisión, quienes ponían en práctica un guion fantástico. Durante una hora, el suelo seguía siendo de cemento, como casi todas las carreteras del pueblo que dejaba atrás. Pero al ir avanzando, se volvía agreste y forrado de neblina, la cual destacaba las enormes y exóticas flores de la zona.
Ayelén sentía frío, rodeó sus brazos con las manos para que, de alguna forma pudiese calentar el cuerpo. Comenzó a oscurecer pero la magnitud de lo que veía, la superaban. El camino en cuestión, estaba forrado de casas. Y, a pesar de estar ubicadas en rincones desconocidos, cada construcción era de cemento, bloque y tejas como las del pueblo; y cada una, poseía un enorme garaje donde encerraban animales. Sobre los pisos de arena y piedra, extraños pasaban por la zona y aquellas miradas de rasgos distintos, no hacían más que contemplarla. Algunas con ceños fruncidos. Otras con natural curiosidad. La joven no atendía a señales, asomaba por cada verja de las viviendas para contemplar las especies dentro de ellas. Todo parecía un zoológico tan cruel, como saber que aquellas razas tenían dueño. Ella, aún sin saber qué terrenos pisaba, ralentizó el paso y uno a uno, observaba… 
Caminaba sin detenerse. Sus pies se movían solos hasta que detuvo el paso al ver en una de las verjas, un gran animal de cuatro patas, acicalando a una cría. Parecía un toro, pero no lograba definir bien cuál era su estirpe. Quería preguntar pero no había humanos cerca, y el que caminara por allí, lo hacía al otro lado de la acera, ignorándola. Ella estaba fascinada, porque el mastodóntico y fuerte animal, pasaba su rosada lengua por el pelaje del más pequeño. La ternura y grandeza era un contraste hermoso. Llenaba el alma de cosas incalculables y desconocidas para la universitaria. El enorme “Toro-Vaca-Ñu”, como Ayelén lo había bautizado, se percató de su presencia y de inmediato, corrió hacia ella galopando con rabia y golpeando con su cabeza, el portón que los separaba. La joven dio un salto, retrocedió bajando de la acera, abriendo los ojos como dos platos de porcelana. < ¡Que susto, por Dios! Parece un demonio > pensó la joven, quien sentía el corazón tocando la campanilla. Ya era hora de regresar, pero en vez de mirar hacia el camino de retorno, su maldita curiosidad pudo con ella y subió la vista hacia aquellos árboles inmensos y altos que la acompañaban. Paseó sus retinas por toda la zona, la neblina estaba disipada pero el frío evidenciaba que las horas habían cambiado.

De pronto, escuchó un ruido. Ramas secas se movían siendo aplastadas por algo que siseaba encima de arena y grama. Comenzó a seguir el sonido hasta divisar una cola que se arrastraba en curvas. Ya sabía lo que era pero sus ojos no podían creer lo que en verdad veían. Dos serpientes, una sobre la otra recorrían el sitio a modo de casería. Un escalofrío la golpeó de manera que su cara se arrugó y la piel de gallina dejó entrar el miedo. La de abajo, era roja. Poseía una candencia terrorífica. Como si supiera que ella estaba allí, siguió su camino guiándola monte adentro. Ayelén se dejó llevar viendo con asco, como la serpiente de arriba, la cual poseía una hermosa piel amarilla, descubría de su cuerpo, la forma de un ratón recién engullido. 

Era la escena más asquerosa que había visto en su vida y más, cuando la roja dejaba verse con un rabo de rata sobresaliendo de la boca. Seguían arrastrándose y ella siguiéndolas. Por un segundo, miró alrededor para darse cuenta de que estaba sola y el pueblo había quedado atrás por completo, junto con sus jaulas. < ¿Qué está pasando aquí? ¿Y cómo esas bichas raras pueden mantenerse unidas así? > pensó la chica mientras daba cada paso con una parsimonia obligatoria. 
Sus movimientos querían simular las caricaturas de Inki, y el pájaro Minah, donde un niño africano, con un hueso en la cabeza, seguía un pájaro negro. Entonces, Ambas culebras detuvieron la arrastrada para posar sus maliciosos ojos sobre un ave, haciéndole honores al recuerdo. Ayelén quería salvarlo. No quería presenciar cómo lo devorarían. Esperando algo que nunca vino, decidió espantarla y que volase lejos de allí.  Movió sus brazos silenciosamente y no pasaba nada. Con la voz hacía ruidos de espanto y el mundo se congelaba para la víctima y sus verdugos. Ella sentía como sus piernas querían huir pero sus ojos no pestañaban siquiera.

Minutos casi sin respirar, aguardando como turista en safari el momento de la verdad, el ave volteó hacia ella, su pico le apuntaba, la serpiente roja hizo un movimiento seco y el pájaro como alma que lleva el diablo, emprendió vuelo hacia la rama de un árbol cercano. Ayelén se echó hacia atrás y miró hacia arriba, para luego desviar la vista al frente donde ambas bichas raras se desplazaban por la gran y gruesa corteza de aquel monstruo natural anclado a la tierra por años. Algún que otro anciano le había asegurado que las serpientes allí se mantenían cazando más en las alturas, que sobre la arena. No podía creer entonces lo que divisaba. Las matadoras corrieron literalmente hacia el ave que sin escapatoria, parecía que temblase del miedo. La joven pegaba gritos para declarar injusticia; le ordenaba a las dos cosas que se detuvieran de inmediato. Atrás, atrás, más y más atrás para poder ver la batalla campal que se desarrollaba sobre un pedazo de mata y desordenaba las hojas a su alrededor. No había más remedio que cubrirse la cabeza con los brazos y emprender carrera. Lo que allí pasaba se volvía violento. Dudaba que fuesen serpientes, porque prácticamente se habían convertido en un depredador aún más grande y peligroso. Por un minuto creyó escuchar gruñidos de perro, pero sus ojos clavados en el piso para intentar salir despavorida, no le dieron las respuestas de lo que percibía. Comenzó la carrera pero al tercer paso se dio cuenta que no se dirigía hacia el camino de retorno, sino que se había adentrado más en la montaña y maldiciendo con lo fácil, trató de voltearse cuando de repente, sintió que la espalda le quemaba. El omoplato se incendiaba regalándole fuertes cantidades de dolor. Pensaba que corría pero se sentía atrapada. Ya no sabía si era ella misma o el ave devorada. Pasaba el brazo hacia atrás para tocarse, pegando gritos desgarradores y sus lágrimas salían como río. Se quitó una bufanda que olvidaba que traía y con la misma, se golpeaba dando círculos sobre un mismo eje. Se quitó el suéter, una franela y quedó en franelilla mientras con las uñas intentaba aliviar el dolor. Se sentía como fosforito ardiendo; aquello se enterraba en lo más profundo de la piel sin darle tregua. Gritos, lágrimas, círculos… Ayelén sufría.

Adelantó unos cuantos pasos y cayó al suelo con las palmas en la arena. Las uñas se clavaron y comenzó a arrastrarse como las culebras quienes arriba, seguían dando guerra. Se colocó de espalda al suelo y apoyando los tobillos en el piso con fuerza, raspaba la tierra con la parte superior de su espalda, hiriéndose más, si era posible. No supo cuánto tiempo estuvo marcando terreno hasta que, unos fuertes brazos la tomaron por los suyos y con un movimiento impresionante, la lanzaron sobre los hombros de un desconocido. Ayelén no hubiese podido soportar más tiempo el dolor de quemadura, si no fuese por la ayuda de alguien más. Intentando entrar en razón, vio largas piernas cubiertas por un jean claro, una franela blanca que le seguía y sin dejar de llorar, aprovechó el viaje que emprendía sobre el regazo de aquel sujeto, logrando dejarse ir; desmayándose.


Detrás de ellos, la batalla animal se detenía mientras otras personas escuchaban como el tono de sus gritos, se desvanecían al ir adentrándose cada vez más, en ese raro y diferente bosque.


8 comentarios:

  1. Diana por fin comienzo las Creencias de Ayelén... mija descargué el libro pero ya no me da tiempo ni de leer, pero aqui como era un solo capitulo lo he leído... y me ha gustado mucho... claro las culebras esas me tenian en vilo... Un recomendación: separa en bloques los parrafos, porque cuando hay tanto junto a uno le cuesta leer, me perdí varias veces :-) mañana voy por el otro...

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    1. Listo!! Buenísimo, gracias. En el libro tiene otro formato y está algo diferente pero seguiré tu sugerencia. Yeeiii....

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    2. Hola Vanessaa, puedo conocerle ? es que estoy buscando agencia de AMOLATINA

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  2. Hola Diana.
    Me gusto este primer capítulo de "las creencias de Ayelén" ¿como y donde lo consigo? Me gustaría leerlo.
    riverolibicni@gmail.com

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    1. Hola Libicni. Gracias por escribir. Puedes revisar tu correo :-)

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  3. Ayelén es una joven con unos pensamientos algo peculiares, su exacerbada curiosidad la lleva a emprender una excursión hacia las afueras de un pueblo misterioso donde las cosas no son lo que aparentan. Un relato lleno de incógnitas, aveces cuesta descifrar que es real y que no, su personaje principal "Ayelén" te sumerge en el mundo de su imaginación donde las serpientes son una extraña representación de sus miedos. La historia te atrapa desde el primer capítulo, es entretenida y se leé de un solo tirón, la recomiendo.

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  4. Ayelén es una joven con unos pensamientos algo peculiares, su exacerbada curiosidad la lleva a emprender una excursión hacia las afueras de un pueblo misterioso donde las cosas no son lo que aparentan. Un relato lleno de incógnitas, aveces cuesta descifrar que es real y que no, su personaje principal "Ayelén" te sumerge en el mundo de su imaginación donde las serpientes son una extraña representación de sus miedos. La historia te atrapa desde el primer capítulo, es entretenida y se leé de un solo tirón, la recomiendo.

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    1. ¡Wow!!! ¡Gracias por tu comentario! Me halaga y me deja feliz. Te agradezco mucho por leer. He pensado escribir sobre Ayelén y darle vida nuevamente. Es una decisión que estoy considerando jeje. Igual, avisaré cuando suceda. Gracias nuevamente.

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