lunes, 21 de marzo de 2016

Quimera: Las edades bárbaras de Malenka Ramos



<< En los años cincuenta, los castigos, las celdas de aislamiento y los abusos a los niños eran algo habitual en el orfanato de San Torbe. Antón se juró regresar cuando fuera un hombre, derribar los muros de ladrillo, que tanto dolor les había causado, y construir Quimera. Un hogar para todos, sin importar su condición, sexualidad o declinaciones.


Un drama con pinceladas de erotismo que nos muestra que el amor y el deseo pueden brotar incluso en la barbarie, y la represión no siempre consigue aplacar nuestro lado más libre y revolucionario. Quimera, La edades bárbaras nos introduce en las distintas relaciones de unos jóvenes, y en sus amores prohibidos, en una época que no les correspondía y jamás les entendería. Cada uno de ellos guarda un recuerdo terrible pero también unas experiencias que van más allá del amor y de la amistad >>.



Un conocido me dijo un día, mientras salíamos de su pueblo natal rumbo a la ciudad: 'Cada vez que lees a esa tal Malenka, hablas extraño. Profundizas todo y te quedas mirando perdida como si recordaras miles de cosas a la vez, o como si se te ocurrieran mil ideas... ¡Mueves los ojos así! (movió sus ojos de un lado a otro)... ¡Como loca!'. 

Es difícil no reírse cuando alguien tan cercano a ti dice aquellas cosas. Lo mejor de una respuesta silenciosa y risueña -de esas que te devuelven a la realidad-, es callar lo que él u otra persona no imagina ni lo hará, con respecto a lo que en mi cabeza se desarrolla cuando leo los escritos de Malenka Ramos. Aunado a la espera casi aprensiva de una nueva publicación, junto a aquel encuentro "Vengativo" que me ofrecieron las redes sociales; ese momento en el que me topé con esas tapas blancas que contenían dibujos amarillos de mujeres amarradas y de rodillas.

'Y caí de rodillas ante ti'.

Fue ese pensamiento el que afloró en mí cuando culminé Venganza, me adentré en Garden Manor y cuando obtuve Quimera: las edades bárbaras.

Debo confesar que no había llorado antes con ningún escrito de Malenka. Los sentimientos se fueron aflorando de otra manera, a lo largo del tiempo. Pero entre tanta confesión que se me viene encima, puedo exprimir fuera de mis sienes lo maravilloso que fue llorar de emoción junto a tantas partes (sobre todo las finales) del libro Quimera. Mi vida, tan solitaria y acompañada de recuerdos gratos y amargos, afloraron en mi memoria gracias a cada página junto a su cronología. Luego, como un paso a paso, los recuerdos de lo leído en Venganza, los ¡¡¡Oh, claro!!! que pronuncié en voz alta y el amor por los personajes que conocí a través de la antigua trilogía: complementadas en un 100% con los chicos de Torbe, sus antepasados, aquellos que les dieron o quitaron tanto... y sus futuros retoños; dulces amargos de un infierno libre. 
Que todo sea dicho (como se suele expresar): Amo entender al mundo como el único infierno posible, y qué placentero se torna cuando somos los protagonistas. 
Lo vengo diciendo desde que tenía 19 años.

Quimera: Las edades bárbaras, muestra que fue hecho con la más alta resolución de una cadena de sucesos ya pensados. ¡Y solo Dios sabe lo que estoy sintiendo al decir esto! Un relato exquisito, iniciando por su forma de contarnos un pasado desde varias perspectivas, que al final, una es complemento de la otra; hasta la corrección más exhaustiva de no divisar errores o desconciertos.
Es un libro donde no te pierdes, los diálogos enamoran, te excita y hace que te conozcas como un humano de mente abierta, que acepta lo que lees y amas precisamente eso al culminarlo. 

Nunca quise hacer una reseña de Venganza, porque es mi trilogía favorita de todos los tiempos. ¡Quiero guardarme muy profundo lo que adoro de esos escritos! Nunca, desde que estoy comiéndome los libros en el bachillerato con el famoso "Las Lanzas Coloradas" de mi paisano Arturo Uslar Pietri o también, desde que mi primer pareja me regaló "El Amante" de A.B. Yehosua y amé la lectura más que cualquier persona a mi alrededor.
Nunca, desde que decidí escribir y darle rienda suelta a la imaginación.

Pero cuando conocemos el amor y profundizamos en él gracias a las historias que nos cuentan, (como esas edades bárbaras tan incomprendidas en un tiempo y tan aceptadas en nuestros secretos corazones), anhelamos enseñar al mundo que cada cosa leída de ese modo, debe ser comentada como tal cual palabra predicada: 
"Justo es el tiempo, es ahora que debemos hacerlo".

Para no alargar más todo lo que viví al leer Quimera y entendiendo que estoy dentro de una reseña para un blog del mundo Internet, quiero felicitar abiertamente una Obra de Arte en su máximo esplendor. 
Me adelanto entonces unos 15 0 20 años: 

Imagino dando a conocer a una mujer (el libro), con una figura que en su juventud era capaz de parar el tráfico y ahora, es la secuela de aquella hermosura. ¡Siempre joven! Quimera siempre mantendrá su anatomía literaria como el cuerpo de una bailarina. 

Pues, ¡eso! Estamos en el tiempo correcto para contemplarla, abrir sus pliegues y escudriñar sus pensamientos, olores, palabras y secuencias.
Y como dice una fotografía que anda rodando por ahí: Amen; así, sin tilde.  

 << Siempre es el amor, siempre… El amor por un amigo, por una ideología. El amor por tu trabajo o por tus deseos más ocultos. Son esas pasiones que sentimos las que nos generan ese apego por la vida… Sin ellas, no somos nada… Por ellas luchamos y sufrimos >>
Fragmento de Quimera: Las edades bárbaras. 


Amen; así, sin tilde.

También puedes leer la reseña de: ZÁCARI, EL SECRETO DE EROS

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