lunes, 27 de febrero de 2017

¡Qué comience LA FIESTA! Capítulo de la bilogía Zácari (Libro 1) Carnavales 2017


Capítulo 4

La Fiesta







La casa estaba llena. Los amigos del Eros se acercaron para disfrutar de lo que sería (de forma camuflada), una noche temática. Pero la realidad era contada dentro del recinto, donde hombres y mujeres estaban dispuestos a ver un espectáculo de su más selectivo agrado. Quizás también practicarían mucho sexo. Pero todo ese adelanto de placer debía estar escrito y coordinado por Zácari; Quien decidía si había verdadero contacto sexual o no. 
La cosa era que en Maracaibo, a pesar de ser una ciudad formada de aparentes tabúes, poseía rincones muy bien guardados por la sociedad, donde muchos se introducían y eran parte de los mismos. Médicos, Abogados,
Políticos, Policías y hasta inversionistas despegados de vínculos afectivos, son los que pertenecen a ese pequeño pero entretenido grupo.
Zácari se mantuvo parte de ello desde los 20 años de edad, y cuando se separó de sus padres, comenzó a realizar eventos únicamente con las chicas, y de forma obvia, siempre había mucha copulación. Sin embargo, ésta vez sería diferente por un motivo. Una fuerza mayor que estaba asentada desde hace cinco años en su cabeza y la cual, ya no podía dejar dormida. Por lo tanto, la idea de Carla de organizar aquel evento, sería aprovechada con creces.
La música de White Town con su canción Wanted, sonaba por los altavoces dispersados por toda la casa, menos en los baños. Donde en uno de ellos, se encontraba Irma, la segunda de las Sumisas, con una diatriba de lo más inusual para lo que estaba acostumbrada. Las demás estaban esperando su arribo al salón principal mientras bailaban con algunos tragos de más.








– No lo haré. Sí lo haré. No, no lo voy a hacer. ¡Claro que lo voy a hacer! – se decía Irma en voz alta.




Debía mostrarse espectacularmente desnuda delante de un número altamente desconocido de invitados. Era la segunda en llegar al Palacio Costa Romini, pero nunca había tenido que exponerse. Aún se preguntaba porque no se lo pidió a Carla, que era la más versada. O a Flor, quien era la más candela de las seis. No, Zácari quería lograr algo con ella y tuvo que declararle su petición con su voz arrogante de convencimiento. Si él estaba seguro que aceptaría, era por algo. La curiosidad la mataba.
Entonces la fémina salió totalmente desnuda con un collar de tres aros suspendidos en su material de cuerina. Cogiéndole rápido el ritmo a la ecléctica canción, caminó hasta colocarse en medio del salón para expectación de todos los presentes. Ella moría de nervios, Zac moría de risa y éste último solo miraba a un punto, casi por encima del hombro de Irma.
Aquellas tetas, su monte de venus depilado al 100%, sus costillas descubriéndose por la agitada respiración y la tesitura delgada de siempre, no eran suficientes para que, durante unos segundos, Zácari se concentrara en ello. Sino en otros ojos asombrados y otra sonrisa dudosa.
Entonces, Zac llamó a Mónica preguntándole al oído para que nadie más escuchara, si se había asegurado de que su pequeño estaba dormido y si la música no era bastante alta. Luego de que la sumisa Número 4 le asegurara las buenas noticias, le pidió que se entretuviera con Irma muy despacio al principio. Que la mostrara a los demás mientras él, se aseguraba de que aquellos nervios de mujer y su ceño fruncido por lo extraño y nuevo de todo, estuviese viendo perfectamente la escena.


Durante la danza que Irma y Mónica protagonizaban, Liuva, estática y extrañada por todo lo que veía, no solo podía sentir una leve excitación viendo como la fría mano de Mónica pasaba por entre las nalgas de la mujer atada, sus pezones siendo apretados, la parte posterior de dos rodillas siendo besadas con devoción y, el clítoris maestro siendo mostrado para los fiesteros. También podía sentir a leguas la mirada de Zac encima de su persona. < ¿Por qué ha hecho esta fiesta? ¿Qué quiere lograr con todo esto?
Y ¿Desde cuándo estas furcias se dejan hacer todas esas cosas? > pensaba con un porcentaje de molestia, el cual no deseaba sacar a la luz. Esas mujeres siempre habían sido reservadas, cada una tenía una vida que proteger fuera del palacio. Nada salía de aquellas paredes ni del mismo patio trasero; donde la misma Liuva había disfrutado tantas veces. Pero aquello, era desconcertante para la periodista.
Quería disfrutar, agarrarse de la excitación que sentía, pero era un punto el que no lograba atrapar, el que explicaba que algo andaba mal. ¿De qué estaba hecho ese hombre?
Fueron las risas y algunos susurros, lo que trajo a Zácari a la tierra y pudo mirar con otros ojos lo que estaba pasando. Irma había sido atada con tres cuerdas, las cuales suspendían de la mano de tres invitados escogidos al azar; casi por voluntad propia. La idea era que la sumisa no pudiera moverse tan libremente, mientras Mónica la poseía de formas tan delicadas pero trastornadoras. No se revelaría un orgasmo inmediatamente. Ni alguna segregación en el medio del salón, aunque algunos invitados ya descubrían sus propios genitales para darse cariño.


Zac estaba disfrutando, y por lo que era mejor, las participantes también.
Pero el anterior motivo de distracción del Eros, no lo hacía. En otras circunstancias, aquel gesto desconcertante en una de sus sumisas, sería castigado de forma inmediata. Arrugar la cara, fruncir el ceño, mover la cabeza en negativa o desconcierto; todo aquello podían hacerlo fuera del alcance de su vista, pero nunca delante de sus exigencias físicas. La diferencia de que no existiera castigo inmediato, seguía las líneas de aquella razón misteriosa, que lo movían en aquel terreno culebrero. Cada uno de los presentes tenía como destino algo específico y solo Zacarías Leuco conocía los pormenores y le estaba saliendo de maravilla la noche.
El desconcierto de Liuva no tenía nombre. Ella y su cabeza trataban de entender aquella fiesta. 




La canción Born To Die de Lana Del Rey sonaba por los parlantes con una fuerza casi de mentira. ¿Cómo era posible que el licor y la música hicieran cosas como esas? Sus ojos cerraron para concentrarse en el tema musical. Respiró hondo y, recostada en una pared bebiendo un Chimeneaud dulce y peligroso, sintió como al comienzo de la segunda estrofa, una venda era colocada sobre sus párpados y estaba siendo amarrada alrededor de la cabeza. Pegó un brinco por el susto pero un Chito de advertencia, le indicaban que se trataba de Zácari, quien le aseguraba con sus acciones que todo iría bien. Él la separó de pared y la encaminó a un lugar desconocido para ella. Quien andaba perdida y alerta por lo que pudiera suceder.




– ¿Qué… qué estás haciendo, Zac?
– Disfruta, Liuva. Es solo una fiesta.
– Nunca habías hecho algo así.
– Y lo que te falta, querida. Disfruta, nadie más aparte de mí te tocará.



Y al parecer dichas palabras fueron suficientes para que la periodista se dejara hacer. Zac no le pidió a nadie que hiciera silencio ni pidió que subieran el volumen. Al contrario, el darle rienda suelta a la naturalidad del acto, era la idea perfecta para probar ese punto, esa razón que lo estaba carcomiendo, ese secreto del que tanto se jactaba en privado y del cual solía estar seguro que permanecería guardado.



¡FELICES FIESTAS DE CARNAVAL! 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Mi lista de blogs